Tiene sentido: nací el 7 de enero, ese día raro, a caballo entre la resaca de las fiestas y la vuelta al cole. Me los imagino —los Reyes— agotados, sudorosos, medio borrachos, tirados en algún portal de una calle secundaria. Acaban de terminar su faena y Melchor, con su dudoso liderazgo pero el ego hinchado por volver a encabezar la cabalgata, levanta la cabeza, mira la caja envuelta con ese papel de chino a 1,20 € el rollo —el que juras que no es cutre porque no hay tiempo para más— y se da cuenta del desastre.
—¡Joder, nos dejamos un puto paquete!
Baltasar, aún con purpurina en las cejas, salta del bordillo. Gaspar sigue sin saber muy bien qué hace en este trío. Y Margarita, mi madre, recibe aquel regalo olvidado junto a unos calcetines que nadie pidió.
Así empezó mi vida. A base de olvidos, intuiciones y decisiones. Estudié publicidad en Barcelona, trabajé en una agencia allí, monté una agencia aquí, lanzamos eventos deportivos, celebraciones populares y campañas que conectan. Nado entre lo emocional y lo estratégico. Entre lo que se dice y lo que se siente. En general ayudo a marcas, a conceptos, a asociaciones, instituciones y a quien me lo pida a sonar mejor, a ser coherentes y a tener eso que ahora llaman engagement… y que yo prefiero seguir llamando feeling.
Miquel Capó Ramis